La opción militar no es solución

16/Nov/2011

El Observador, Editorial

La opción militar no es solución

16-11-2011 Las presiones económicas y diplomáticas de potencias occidentales contra Irán y Siria reconocen la responsabilidad de esos Estados como focos centrales del hervidero constante de violencia en el Medio Oriente. Aunque tienen en común su hostilidad a Israel y su respaldo a organizaciones extremistas, son casos diferentes. Siria vive una sangrienta convulsión interna por la rebelión popular contra la autocracia del presidente Bashar al Assad. Pero Irán representa una amenaza internacional mayor por su programa de armamentismo nuclear. Como lo confirma la historia reciente, sin embargo, sería un error peligroso llegar a la intervención armada que se maneja en estos días para tratar de poner en vereda al régimen de Teherán.
Desde que la revolución de los ayatolás derrocó a la monarquía del sha Mohammed Reza Pahlevi hace 32 años y trastocó el suministro de su petróleo al mundo occidental, Irán ha sido una pesadilla internacional, especialmente para Estados Unidos. Esta potencia ya intervino militarmente en forma indirecta, al ayudar al Irak de Saddam Hussein en una guerra de ocho años en la década de 1980, que fracasó en su objetivo de derrocar al régimen iraní. Washington pagó más tarde un altísimo precio por haber armado a Saddam, al invadir y luchar largos años en Irak.
La amenaza a la paz mundial se ha acrecentado ahora con el reciente informe de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA), que confirmó que Irán está cerca de producir armas nucleares con las que puede respaldar la promesa del presidente Ahmadinejad de borrar a Israel de la faz del planeta. La conclusión de la AIEA ha revivido planes de una represión armada contra Irán, admitida por el presidente Obama y por el canciller británico William Hague. Pero si bien el peligro nuclear iraní preocupa a todas las grandes potencias, muchas disienten con la opción militar, incluyendo a Rusia, Francia y Alemania. El presidente ruso Dimitri Medvedev advirtió que podría causar «una catástrofe en el Medio Oriente». Y Alain Juppé, representante francés en la Unión Europea, aseguró que «una intervención militar sería peor que el mal mismo», porque «entraríamos en una espiral fuera de control». Nadie duda de que, a diferencia de otras naciones islámicas que han hecho la paz con Israel o han atenuado su virulencia contra el Estado judío, Irán y Siria avivan las llamas levantinas con su apoyo a Hamas, Hezbollah y otras organizaciones que van desde el extremismo político al terrorismo. Al efecto de este aliento al permanente conflicto israelí-palestino se agrega el peligro de que Irán finalmente produzca armas nucleares como instrumento agresivo contra Israel. Pero las experiencias de las guerras entre Irán e Irak, la de Irak que aún no ha terminado y el fiasco en Afganistán confirman el fracaso contraproducente de las intervenciones militares. El único camino que queda abierto es que Naciones Unidas y las grandes potencias individualmente impongan restricciones financieras, comerciales y políticas más severas que las actuales, para tratar de forzar al régimen iraní a deponer sus planes de armamentismo nuclear y abandonar, junto con Siria, su promoción del extremismo islámico que mantiene en ascuas al Medio Oriente y a gran parte del resto del mundo.